El autobús del aeropuerto a la estación costó 2'50 por persona. Una vez allí compramos un billete de tren de diez viajes por 73€. Si eres menor de 26 sale a 53€ si no recuerdo mal, pero dado que los dos no cumplíamos con este requisito nos cogimos el de 73€. No sé si luego piden DNI o algún documento cuando pasa el revisor en el tren... y puedo asegurar que pasa mucho. Prohibido colarse, vaya.
Con este billete de 10 viajes tuvimos suficiente para toda la estancia. Es un billete un poco extraño, hay que escribir con bolígrafo el origen y el destino así como la fecha. Pueden usarlo varias personas, en nuestro caso gastamos dos viajes cada vez que subíamos a un tren. Hay que decir que los billetes no se compran en las taquillas normales, donde está toda la gente haciendo cola, ni se compran en las máquinas a menos que quieras pagar con tarjeta, hay que entrar en una sala específica para comprar que ahora no recuerdo cómo se llama, pero una vez allí se ve en un momento.
Fiinalmente llegamos a Bruselas. Aprovechamos para ver los horarios del tren para el día siguiente. No teníamos ni idea de dónde estaba el hotel, así que nos pusimos a preguntar. Una señora muy amable se vino con nosotros fuera de la estación y nos indicó el camino. Increíble la amabilidad de los belgas, capaces de desviarse durante un cuarto de hora de su camino para acompañarte y que no te pierdas (hecho verídico, penúltimo día de estancia, ya llegaremos).
Fuimos andando, con las maletas y mochilas, y llegamos a una plaza donde no supimos continuar. Entonces preguntamos, o al menos lo intentamos, sin que nos dirigieran siquiera una mirada. "Joder con la amabilidad belga, pensé entonces". Más tarde descubriríamos que era la plaza con peor gente de todo Bruselas (al menos que hayamos visto). Por suerte, un chaval amable reparó en que no éramos ni gitanas maldiciendo por un euro ni rateros de medio pelo y nos dijo que un poquito más alante, entrando en una pequeña calle, llegábamos a la Grand Platz, y allí estaba la oficina de información.
La Grand Platz es impresionante. Ha sido llamada "el mejor teatro de Europa". Donde pongas la vista descubres un edificio increíble, y estoy seguro de que si te gusta la arquitectura te podrías pasar horas allí. Se da el caso de que a mi los edificios me parecen bonitos, interesantes y poco más. No es que no lo aprecie, me gusta estar allí, verlo, sentir el ambiente, pero una vez hechas las fotos de rigor fuimos directamente a la oficina de Información. Allí nos dieron un mapa con el que llegamos al hotel.
Lo mejor de Bruselas, del centro, es pasear sin prisas. Entonces sí aprecias la Grand Platz, sí disfrutas de sus monumentos, sus calles y del mogollón de gente (muchísimos turistas, no dejas de oir español durante más de 10 minutos, y no sólo en Bruselas).
Tras dejar las cosas en el hotel nos fuimos en busca del Manneken Pis. Básicamente es una estatua diminuta de un niño meando, al cual le visten de una forma diferente cada día. Tiene más de 400 trajes, o eso dicen.
Una vez más tras las fotos de rigor (y decepción por el tamaño, es como ir a Louvre y ver la Gioconda, se te queda cara de "¿y es sólo esto?") fuimos en busca de la Jenneken Pis, que es lo mismo que el otro pero del sexo opuesto. Es decir, una niña meando. No hace falta que lo digas, estos belgas están locos.
En nuestra búsqueda fuimos sin saber qué buscábamos, y preguntábamos por la Manneken Girl.
- Un hombre del lugar dijo: "sí, por allí, en esa esquina".
- No, pero ese es el Manneken, buscamos a la chica -contestamos-.
Entonces el hombre sonrió, nos volvió a mirar de nuevo y dijo:
- ¿Un chica? sí, sí, por allí, hay que andar mucho.
- Gracias -contestamos-.
Nos dimos cuenta un rato después de que el hombre pensó que le estábamos tomando el pelo, y nos mandó a la Parla belga.
En nuestro periplo nos cruzamos con una chica que dijo no hablar demasiado bien inglés (sí amigos, francés, holandés o inglés son los idiomas indispensables para el viaje), y otra que dijo que conocía la existencia de la niña meona pero que ni los de Bruselas sabían dónde estaba.
Cabizbajos volvimos al punto de información y preguntamos por la Manneken Girl. La chica, inteligente, comprendió que nos referíamos a la Jenneken Pis, y nos mandó a la calle justo al lado de nuestro hotel.
Manda huevos.
Aproveché para preguntarle por el Delirium Cafe, una cervecería famosa por tener tantas marcas de cerveza como número del año. Este año tendrían 2009.
Mira por donde, estaba en la misma calle que la Jenneken Pis, una más allá del hotel.
...
Fuimos, vimos a la niña, y volvimos al hotel. Aprovechamos la búsqueda para comprar víveres, especialmente agua, pan y algo de pasta para cenar algún día. Si no recuerdo mal aquél primer día compramos todo en el Carrefour Express de la estación de tren. Es preferible encontrar algún otro sitio porque el precio sube un poco, pero bueno, tampoco se nota demasiado.
Más tarde nos montamos un bocadillo de salchichón en condiciones, nos fuimos a la plaza de las gitanas y los rateros (fue después del bocadillo cuando nos dimos cuenta de esto), y nos dirigimos a ver el Palacio Real y el Parque de Bruxelles. No son gran cosa, pero hay que verlo, y se puede ir de paseo. A fin de cuentas iba a ser un viaje tranquilo.
A la vuelta nos compramos unas patatas y un waffle (gofre) para cenar. Las patatas bien, el gofre rebosante de chocolate.
Un momento gracioso vino al pedir el gofre. La chica nos caló como españoles en seguida, y nos dijo algo en español, algo como "¿dos de chocolate?". Como no estábamos seguros de si queríamos tanto chocolate en nuestras vidas, especialmente tras unas patatas fritas, preguntamos "¿es el mejor?". Ahí descubrimos que la pobre chica sólo sabía decir unos cuantos números y sabores, poco más. Así acabamos con dos rebosantes gofres. Inglés señores, inglés.
Volvimos de paseo al hotel, pasamos por el edificio de la Ópera, el de la Bolsa y alguna calle interesante, poco más.
Cosas sueltas:
- Aparthotel B, Grand Platz, por si a alguien le interesa el nombre. Habíamos leído opiniones buenas y malas. A nosotros nos hicieron la habitación todos los días menos el domingo, y no tuvimos ninguna queja.
- Nos quedamos con las ganas de los mejillones con patatas, plato típico del lugar, pero eran caros a más no poder. Pongamos que una cazuela de mejillones con un platito de patatas fritas y la obligada cerveza saldrían por algo más de 20€ cada uno. Un capricho si alguien se lo quiere dar.
- Cuidado con los gofres de chocolate. No sólo pringan todo de chocolate sin que descubras jamás de dónde ha salido, además son excesivamente empalagosos. Yo preferiría un gofre sólo, que ya es bastante dulce, o medio de chocolate como mucho.
- Bruselas huele a pis. He leído en algún sitio que Madrid huele a pis. El olor en algunas zonas de Bruselas era mucho peor que el peor olor a orín de mono en Madrid.
- La cantidad de revisores en los trenes belgas es algo asombroso. Por nada del mundo intentéis colaros. El metro está menos vigilado, no hay tornos (al menos hasta donde yo he visto) ni revisores. A mi no me gusta colarme en ningún sitio, pero sé que es algo relativamente común, especialmente si planteamos un viaje "a lo ahorrativo" como es el caso. No lo hagáis, no merece la pena.
- Abusad del bocadillo, comprad embutido en España y os lleváis un buen chorizo, lomo, jamón o lo que queráis al vacío. No es la mejor de las comidas, pero tanto para una comida pequeña en espera de una merienda-cena en condiciones como para matar el gusanillo viene muy bien. Además, el pan belga está bastante bueno.
- El chocolate belga fue una total decepción. No es que esté malo, pero tampoco es una delicia como lo quieren vender. En mi opinión una caja de bombones Lindt, que los encuentras en cualquier lado, son mejor opción. Ahora, si te gustan las frutas bañadas en chocolate (a mí no) creo que entonces sí, los belgas son tu opción.

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